|
LA
PARADOJA DE RUSSELL
Todo obedece en continuidad- a un orden;
es decir transcurre lo que hay por interacciones
derivando lo nuevo. Así, la realidad puede
perfectamente concebirse como una construcción desde
el orden que le precede, que le conforma, que le ordena
en el sentido de derivación, de delimitación-
y no precisamente por un mandato determinista.
Algo es porque sigue
vinculado a unas pre-consecuencias ante unas consecuencias
que aún no las son; pero continúa desde
el procedimiento natural que le es propio, al cual pertenece
(en matemáticas se entiende que está incluido
en una clase, categoría o conjunto de equivalencias).
Por supuesto, el ser humano es a priori un procedimiento
energético unido a un procedimiento biológico
y, además, unido a un procedimiento social;
significando esto que sigue tres órdenes
prioritarias que, a su vez, interaccionan o que nunca de modo
alguno pueden excluirse para seguir conformando al ser humano.
Por eso lo más elemental de las matemáticas
lo que está en consonancia con lo empírico-
denota la realidad o es la realidad; de hecho, distinguiendo
una serie de analogías, es decir, separándolas
racionalmente tras advertirles unas no-relaciones o diferencias.
Veamos, x ser energético-, w ser
biológico- y z ser social-
son condiciones -o elementos- contenidas en el conjunto E,
cuya condición se establece en ser existencial;
esto equivale a decir que x, w y z pertenecen o están
incluidos en E. También todos los elementos semejantes
a x formarían el conjunto A, todos los semejantes a
w el conjunto B y todos los semejantes a z el conjunto C;
unos subconjuntos de E.
Un ejemplo: Llamemos V al conjunto de la vergüenza
humana correspondiendo a que cualquier complejo turístico
en el litoral ha de contar con un sistema de seguridad o de
detección de seísmos. Pero imaginemos, a la
par, que a unos cuantos les gusta el negocio al margen de
la seguridad con el consentimiento de todos los responsables
políticos, pues, esos ya comportarían otro conjunto
cuyos elementos no pertenecerían a V, ni serían
semejantes a los V correspondiendo a otro criterio, el de
lo que ha de venir vendrá con pasotismo
y sin mucha preocupación sobre lo que se hace. Así
que, cuando millones de personas ya se hayan instalado en
el litoral buscando una mejor vida, de inmediato serán
expuestos a un peligro que nadie les advertirá, ni
los gobernantes ni esos empresarios muy guapos y muy importantes.
Pues bien, ser responsable es una
condición que se encuentra dentro del conjunto cuya
condición más general es ser social,
le pertenece. Llevado al terreno lingüístico,
en una oración predicativa el sujeto es
o posee propiedad de algo: Juan es huérfano,
es rubio, es
; lo que depara una clase de elementos
que son propiedad identificativa de Juan. En realidad,
son elementos que lo caracterizan o que lo identifican a él
como conjunto o... como resultado.
En la lógica de proposición,
asimismo, existe un paralelismo: Dados los elementos de un
conjunto M y H, cualquier elemento podría pertenecer
sólo a M, sólo a H o bien a M y a H al mismo
tiempo, aunque incluso podría no pertenecer ni a M
ni a H.
Entonces, si una proposición o condición
pertenece a dos conjuntos cualesquiera, esos dos conjuntos
comparten algo en común, una relación de identidad,
una concreta semejanza. Por ejemplo, siendo M el conjunto
de todos los animales que viven dentro del agua y H el conjunto
de todos los animales que viven fuera del agua, un anfibio
pertenece a ambos conjuntos, o sea, es elemento común
entre los elementos propios de M y H.
En cambio, supongamos dos conjuntos: N cuya
propiedad sea no ser y S, cuya propiedad sea ser
o no ser. Aquí, N siempre pertenecería
a S, luego es un elemento de S. Pero si n es un
elemento de N; por lo cual se deduce que si decimos que n
pertenece a N, entonces n no es un elemento de
N, y no le pertenece (esta es la paradoja de Russell).
Establezcamos que N sea el conjunto de
todos los conjunto que no son miembros o elementos de sí
mismo; pues así, si aplicamos que N pertenece
a N, el cual por criterio no pertenece a sí mismo,
entonces N no pertenece a N. Es decir, N pertenecerá
a N si y sólo si N no pertenece a N. Bien, el error
se desencadena por descuidarse el principio de que todo
conjunto deberá atender a que siempre sostenga una
propiedad existencial de sus elementos, en cuanto a que algo
tiene que ser forzosamente para considerarse
un elemento. Por consiguiente, tanto el conjunto de lo
que no es como el de lo que no existe o
el de lo que no se pertenece a sí mismo
no poseen elementos y, al no poseer elementos, no pueden considerarse
como conjuntos.
Primero, para que un elemento pueda pertenecer
"a cualquier conjunto" ha de partir con un criterio
claro de que ya pertenece por seguro a un
conjunto", en concreción. No se puede decir el
conjunto de todos los elementos que pertenecen a otros conjuntos
porque conllevaría abarcar todos los elementos o el
conjunto de todos los infinitos elementos; eso, claro, nunca
posibilitaría concretar de qué elementos estamos
hablando, de si existen o no.
De antemano, irracional es proponer al
conjunto de todas las personas que no pertenecen a su
conjunto, sino a otros; ya que primero se ha de considerar
que, si existe algo como elemento de un conjunto, es porque
forzosamente "ya" se ha determinado o demostrado
que es, siendo ya "partícipe"
de un conjunto, el "inmediatamente suyo. He ahí
que es necesario el criterio auto-identificativo
para proponer un conjunto, el que empieza explícita
o implícitamente- por es, no por lo que
no es. En el conjunto de todos los seres
vivos que no sean animales ya sabemos que la condición
identificativa es ser vivo; pero no ocurre igual
en el conjunto de todo lo que no sea un ser vivo,
pues de ese todo no podemos alcanzar una identificación
mínima para concretar o verificar la existencia de
tal conjunto, ni aún menos la de sus elementos.
|