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Comida de segunda
Era la primera vez que entraba a un restaurante de este tipo.
Jamás lo hubiera hecho pues yo no soy arribista ni
me gusta pulular por lugares en donde no soy bien recibida,
sin embargo era la tercera vez que Camel me hacía una
invitación y la verdad, no pude rechazarlo. Yo bien
sé que Camel observaba de reojo mi cara de sorpresa
y me condujo del brazo hasta la mesa para protegerme de las
miradas que se centraban en mis zapatos, en mi vestido y algunos
descarados incluso buscaron en mi cara algo "diferente".
Leí la carta del menú y me decidí por
el mix de sopas y el revoltijo de productos de mar. Camel
eligió también el mix de sopas, pero me aconsejó
pedir la mezcla de aves, pues con los productos del mar, jamás
se sabía si estarían suficientemente frescos.
Él conocía de estas cosas, así que decidí
hacerle caso. El primer plato llegó en un tazón
y lo encontré delicioso, tuve que contenerme para no
abalanzarme sobre la sopa, sin embargo, de mi boca salieron
tres sorbos un tanto ruidosos. Camel sólo se rió.
El siguiente manjar me gustó aún más
y saboreé una alita de pollo que enterita había
llegado a mi plato. Camel no corrió con tanta suerte,
pues su platillo estaba un poco más desmenuzado. Acto
seguido ordenó una botella de agua para brindar: le
solicitó al mesero el agua más pura posible,
pues era una ocasión especial.
Ya en la sobremesa, Camel me dijo que este era uno de sus
restaurantes favoritos pues los restaurantes de la gente rica
quedaban a poca distancia y las sobras aún llegaban
en buen estado.
- Los ricos siempre piden muchas cosas y acaban comiendo
la mitad de sus raciones, nunca pude entender eso- dijo Camel
con la cabeza baja.
Después, tímidamente y luego de dar muchos
rodeos, me pidió que le explicara cómo son "nuestros"
restaurantes. Yo le conté brevemente que todo iba en
un mismo plato y que era prácticamente imposible distinguir
los ingredientes, con excepción de algunas semillas
y de otras cosas que ya no pueden reducirse a puré.
-Yo también voy a un lugar que queda cerca de los
restaurantes de segunda -le dije- y quizá alguna vez
hasta me ha tocado en suerte algún plato que ya pasó
por ti.
Camel se ruborizó y me tomó la mano. Le pedí
que me disculpara, que no quería ofenderlo, que...
pero él me hizo una mueca para que guardara silencio
y me sirvió agua en un vaso alto. Bebí con los
ojos cerrados, pues aguas como aquella, no se toman todos
los días. Cuando abrí los ojos, Camel me observaba
con una sonrisa. Me habló de su niñez rodeada
de lujos y me confesó que para él los restaurantes
de primera eran cosa de todos los días. Un día
descubrió que había cosas "de segunda"
y se preguntó porqué este mundo era tan desigual.
Buscó respuestas en los libros y así se enteró
que existíamos nosotros, "los de tercera"
y entonces decidió luchar por un mundo mejor, sin embargo
los poderosos son muy fuertes. Me explicó cómo
les llevó muchos años llegar a esta separación
tan sistemática en donde los medios de comunicación
han logrado que la gente ni siquiera se entere de que hay
otras realidades diferentes a la suya. Yo le conté
que mi familia siempre había sido pobre, pero que mi
abuelo contaba que antes él comía directamente
lo que les sobraba a los más ricos y además
no pagaba nada por ello.
- Los tiempos pasados fueron mejores- le dije a Camel.- Y
vendrán tiempos aún mejores en donde todos los
humanos tengamos las mismas oportunidades - me respondió.
Bebimos toda el agua y nos fuimos de ese lugar. De regreso
a casa me regaló una rosa natural; se veía tan
linda, que parecía de primera mano. Me confesó
que las sembraba clandestinamente en su casa. Le dije que
era un soñador de primera y me besó.
Por suerte, nadie nos observó. Él me juró
que mantendríamos nuestro amor a salvo de la policía.
Quizá, si esto va bien, nos vayamos a vivir a la luna;
al parecer ahí las cosas marchan mejor.
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